
Investigación: Desde un sueño que anticipa sucesos hasta una profecía milenaria, el de las premoniciones es tal vez el fenómeno parapsicológico más frecuente y difundido. La ciencia lo discute y nuevos estudios lo avalan. ¿Es posible tener noticia de lo que aún no ocurrió?
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¿Cuál es el título tan subversivo? El poder de las premoniciones (más tarde retitulado en versión tapa blanda La ciencia de las premoniciones por un editor timorato). Sus miedos son comprensibles. Una cosa es meterse con los fundamentos de la medicina y su divorcio de la espiritualidad, y otra, muy distinta, es desafiar aquel mandato que hace tanto conocemos como tiempo.
Sin embargo, el tema lo perseguía desde su juventud. En su primer año de residencia médica, tuvo un sueño acerca del hijo de un colega: lo vio llegando a la guardia con el estómago ensangrentado. Cuando este evento inesperado y sin antecedentes ocurrió al día siguiente, no podía salir de su shock. Pero tan pronto como se abrió ese portal misterioso, se cerró de un golpe. “Fue como si el Universo, habiendo hecho entrega de su mensaje, colgara el teléfono”, elabora en la introducción del libro. Su primera reacción fue el pánico. “Si me permitía pensar que eso era real –que el futuro podía ser conocido– toda mi educación y mi visión del mundo se despatarraría.”
Al poco tiempo empezó a recoger premoniciones ajenas: sus colegas, sus pacientes y sus amigos le relataban aciertos incomprensibles. Un obstetra sentía dolor de estómago cuando sus pacientes estaban por entrar en trabajo de parto; una médica veía en sueños las cifras de los análisis de sus pacientes antes de que volvieran del laboratorio. “Llegué a la conclusión de que se trataba del secreto mejor guardado de la medicina, y que había llegado la hora de revelarlo.”

¿Postales del infierno?
Amanda, una joven madre del estado de Washington, en los Estados Unidos, se despertó sobresaltada a las dos de la mañana. Había soñado que la araña que colgaba sobre la cuna de su beba en el cuarto de al lado se desmoronaba sobre la niña. La escena era tan nítida que daba escalofríos: su marido y ella se asomaban horrorizados a la cuna; el reloj de la cómoda marcaba las 4.35. Aterrada, despertó al marido y le contó, pero él le dijo que era una tontería y que volviera a dormirse. No obstante, la mujer fue a buscar a la beba y la llevó a la cama matrimonial. Unas dos horas más tarde, la pareja se despertó por un estruendo en el cuarto de la beba. Ambos corrieron hacia allí: la araña se había destrozado sobre la cuna. El reloj marcaba las 4.35. El marido, anonadado, ya no se reía.
Lo que Amanda había recibido era una postal exacta del futuro inmediato. Una advertencia tan precisa que le permitió actuar en consecuencia y evitar una tragedia.
Las premoniciones no suelen ser tan definidas, ni siempre anuncian cuándo en el futuro se producirán. Pero sí hay una prevalencia de premoniciones de eventos negativos.
Doctor Dossey, ¿por qué prevalecen las ‘advertencias’ de eventos negativos?
Para la mayoría de los investigadores, las premoniciones intentan hacernos un favor. Saber que algo amenazante se avecina le da a uno la posibilidad de protegerse, y esto cumple con el imperativo evolutivo. Seguramente es por eso que las premoniciones forman parte de nuestra biología, y por eso todos disponemos de ese sentido en mayor o menor medida. Pero también hay gente que presiente un futuro aumento, un embarazo u otro evento afortunado.
¿Por qué entonces no gana todo el mundo la lotería?
Algunos lo hacen. Por otro lado, el magnate Donald Trump admite que construyó su imperio multibillonario sobre la base de la intuición, y, mientras que el inversor George Soros esgrime teorías sobre cómo acuñó su fortuna, su hijo dice: “Mentira... él sabe que tiene que hacer una movida en
Un futuro soñado
Uno de los vehículos privilegiados de las premoniciones son los sueños. El psicólogo argentino Alejandro Parra, presidente del Instituto de Psicología Paranormal y ferviente investigador de los fenómenos anómalos de la conciencia, explica: “Siempre se ha visto al sueño como un territorio fértil para estudiar las premoniciones. Algún teórico ha planteado que la naturaleza simbólica de los sueños quizá sea una forma de disminuir el impacto de lasmalas noticias, o el resultado de mecanismos de represión o defensa de un contenido emocionalmente perturbador”.
Una de las misiones de ALIPSI (www.alipsi.com.ar) es asistir a pacientes que hayan vivido experiencias anómalas que no logran integrar. Algunas de estas experiencias son fácilmente confundidas con síntomas patológicos, algo que plantea una complicación para la comunidad psiquiátrica. “Un diagnóstico errado puede estigmatizar, alienar, o incluso hacer medicar erróneamente a un individuo que haya vivido una experiencia extrasensorial, sobre todo aquellos que carecen de información directa y confiable al respecto”, explica Parra.
¿Se enseña la precognición?
Según mi experiencia, no. Hay quienes prometen adiestrar esta habilidad en unas pocas sesiones. Si fuera posible, los psíquicos podrían tirar a la basura sus teléfonos o vivirían de lo que ganan con sus pálpitos. Sí hay muchas anécdotas, por ejemplo, de haber acertado un número para ganar exactamente el dinero necesario para pagar una deuda, o presentimientos que han salvado vidas. Pero, en general, el individuo está al servicio de las premoniciones y no al revés.
Carrera predestinada
No podrá entrenársela como un músculo, pero hay quienes están convencidos de que la intuición sí se incentiva y desarrolla. Judith Orloff, psiquiatra intuitiva y autora del exitoso Second sight (algo así como Sexto sentido), es una de ellas. “Antes se hablaba de psíquicos, pero es una palabra con mala prensa. Prefiero llamarme intuitiva. En mi caso, nací con esta habilidad, pero muchas veces se despierta tarde en la vida, a menudo luego de un duelo importante.”
Criada en una familia con una superpoblación de médicos (¡25!), aprendió pronto que aquellos saberes que le venían de quién sabe dónde sólo lograban incomodar a sus padres y ganarle un reto. Por ejemplo, cuando les anunció que ese amigo entrañable de su padre que los visitó una noche estaba por sufrir una terrible desgracia: cuando el pronóstico se cumplió a las pocas semanas, el anticipo de Judith sólo generó aprensión y rechazo en su familia. Así fue que la joven suprimió esa voz interior y no volvió a escucharla hasta mucho más tarde, cuando se aprestaba a anotarse para estudiar arte y algo en su interior le indicó, con nitidez inapelable, que estudiara medicina. Era lo último que tenía en sus planes, pero la voz indicaba que su misión sería, precisamente, ayudar a introducir la intuición en ese ámbito que tan poco la seducía.
Ya licenciada en psiquiatría, un incidente la convenció de que la fusión de esos dos mundos era imperativa. Se hallaba frente a una de sus pacientes, una mujer que venía superando una depresión gracias a un nuevo fármaco que ella le había indicado. La joven se veía espléndida, por primera vez tenía color en las mejillas, había comenzado una relación romántica y su relato era francamente alentador. No obstante, mientras la escuchaba, de pronto se le hizo un nudo en la panza y, sin razón discernible, pensó: “Christine se va a suicidar”. La suposición era tan absurda, tan reñida con la lógica y con toda observación clínica, que la desoyó por completo. La próxima vez que vio a su paciente fue en terapia intensiva, tras una ingesta masiva de psicofármacos. “No sé qué hubiera pasado si ella no hubiera sobrevivido –dice en una entrevista telefónica–. Repasé la historia clínica con todos mis colegas, y todos estuvieron de acuerdo en que no había razón alguna para haber actuado de otra manera, pero nunca me perdoné haber de-soído mi pálpito. Y nunca más dejé de tomar mi intuición tan en serio como mis apreciaciones científicas.”
¿Cómo se distingue una intuición de un simple pensamiento o vuelo de la imaginación?
La sensación premonitoria es muy fuerte: en mi caso suele traer escalofríos o piel de gallina, y como una resonancia por todo el cuerpo, certeza. Otras veces se presenta sin carga emotiva, como una simple afirmación, un hecho. Uno empieza a reconocer los síntomas, a confiar en las señales.
La aguda percepción de Judith pronto llegó a oídos de Stephan Schwartz, un investigador que participó en el creación del programa de visión remota por parte de
Pero Orloff decidió que sus habilidades eran más útiles en el campo para el cual se había entrenado, y hoy se dedica a sus pacientes y a enseñar esta forma peculiar de diagnóstico médico y psicológico en la universidad. “No es una materia curricular, pero los médicos saben lo que hago, y cuando se presentan residentes con interés o habilidades en este área me los derivan”, dice.
¿Cómo se desarrolla este don?
La forma más directa es registrar las premoniciones que uno ya recibe; por ejemplo, llevando un diario de sueños. Los sueños registran a menudo sucesos por venir, y a veces también ofrecen una guía para nuestro accionar. También es importante cultivar una disciplina que ayude a aquietar la mente: el yoga o la meditación. Y prestarle atención a las instancias de sincronicidad que se presentan espontáneamente: coincidencias significativas que empiezan a ocurrir con mayor frecuencia. En general, se trata de volver a despertar lo que de chicos ya tuvimos y fuimos perdiendo por influencias de la sociedad.
Si bien Dossey concuerda en que todos somos intuitivos, en su libro enumera las cualidades que suelen ir asociadas a un talento peculiar en esta área. A saber: • absorción (la capacidad de perderse en una actividad, y también la apertura a la imaginación y la fantasía) • una creencia en lo trascendente • sentido de la unidad de todo lo viviente • compasión y empatía • tolerancia al caos y el desorden • tener un locus externo de control (sensación de que uno no controla todo) • confianza y optimismo • facilidad para hallarle significado a la vida • respeto por lo inconsciente.

Tiempo al tiempo
Si hay cada vez mayor evidencia de la existencia de estos fenómenos, aún quedan lejos las explicaciones. Dice Larry Dossey: “Los científicos no saben realmente en qué consiste el tiempo. Damos por sentado que fluye en una sola dirección, pero la realidad es que no lo sabemos: ni siquiera está claro que fluya para ningún lado. Otra forma de entender el tiempo es apelando a lo que los físicos llaman circuitos cerrados que llevan información del futuro hacia el presente. Hay investigadores que sugieren que el futuro ya está presente en un universo en bloques, en el cual es posible acceder a esa información desde cualquier punto. Y por último están los que consideran que la mente es un fenómeno no local, que es otra forma de decir que es infinita. O sea que tenemos acceso a toda la información que jamás existió: pasada, presente o futura. Por supuesto, estas son todas hipótesis”.
¿Es modificable ese futuro?
Yo creo que el futuro es un de-senlace probable, no fijo; que es fluido y alterable. Pero puede que algunos futuros estén más sujetos a la variación que otros: que uno pueda evitar un accidente, por ejemplo, y no el terremoto que soñó anoche.
¿Cómo entender, entonces, a esas visiones vagas, a veces confusas, que parecen hacer un fast forward en la vida propia o de quienes nos rodean?
Dossey lo entiende así: “Las premoniciones nos regalan una visión expandida de quienes somos. Nos muestran que somos más que un cuerpo y un cerebro. El cerebro no es capaz de percibir el futuro, pero como lo demuestran las premoniciones, la conciencia sí. No somos esclavos de nuestros cuerpos ni del presente que habitamos; en otras palabras, hay algo dentro nuestro que es atemporal. Eso se parece bastante a la inmortalidad”.
“Es una memoria pobre la que sólo funciona para atrás”, apuntaba
El investigador estadounidense Dean Radin, autor de los libros El universo consciente y Mentes entrelazadas, realizó un estudio clave para comprobar la existencia de presentimientos, entendidos como una vaga sensación de que algo está por ocurrir, sin conocimiento alguno de ese futuro suceso. El experimento se basó en el reflejo psicofisiológico de la “respuesta orientativa” (un conjunto de cambios fisiológicos que el organismo experimenta ante una amenaza o situación emocionalmente estimulante; por ejemplo, dilatación de pupilas y alteración en las ondas celebrales, entre otros). Se puso a los 40 sujetos estudiados frente a una computadora, con electrodos conectados a los dedos de la mano para registrar cambios en la conductividad de la piel. La pantalla arrojaba al azar y a intervalo de cinco segundos –con pantallas en blanco intercaladas– imágenes de distinto tenor: algunas positivas estimulantes (escenas eróticas, o muy felices); otras negativas (autopsias, escenas de violencia); las terceras, neutras.
El resultado: segundos antes de que los participantes vieran las imágenes de alto impacto positivo o negativo, su actividad electrodérmica comenzaba a aumentar; ante las neutras, se mantenía inmutable. Esta respuesta ha sido denominada “el efecto de presentimiento”.

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