Henrie Bergson
Propagandas estridentes, lúdicas evasiones y pastiches de creencias momentáneas.
Vacíos rellenos de mutantes sentimientos, incongruencias, enojos, llantos de inmensa tristeza que intentan ser calmados, deseosos de ser superados, ansiosos de ser para siempre aplacados.
Como un alplax para el pánico o un prozac para el desgano, un arcoíris invita a ser caminado hasta el final donde un delfín que feliz parece estar saltando, denotando juego, mesurada algarabía y una placentera despreocupación para con los cotidianos desengaños.
Es la conciencia un lazarillo y la fervorosa creencia en el silencio y en el desapego la paz que permite encontarse en padmasana horas y horas bajo el tamarindo sagrado.
Tamara López

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada