Gracias al cielo y por voluntad de los seres luminosos que habitan este planeta, existen cada vez más y más de estos oasis de asombro que nos ayudan a despertar del posible aletargamiento de la rutina urbana, por ejemplo, en una escapada de fin de semana con tu novio/a o amigos. Afortunadamente muchas veces no es necesario viajar grandes distancias ni pagar tarifas infranqueables, ya que algunos de estos lugares se encuentran quizás al cruce de nuestra calle o del rio y por el precio de un billete de $5.-, como en este caso. Me refiero al Museo del Ovni de Victoria, Pcia. de Entre Ríos, lugar que tal vez recuerde a la casa de una cálida abuela de esas que te preparan la merienda después del colegio. La única diferencia es que si Silvia Simondini- tal el nombre de la directora del museo y coordinadora del grupo de investigadores de fenómenos ufológicos de la vecina ciudad- le preparara a uno la chocolatada, no preguntaría como te fue en la clase de gimnasia ni te relataría la última mala nueva de la prensa amarillista. Ella más bien te narraría historias que te erizarían los pelos de la nuca sobre apariciones de objetos voladores luminosos que dejan rojo el firmamento, inexplicables mutilaciones de fauna rural e increibles dibujos geométricos en los sembradíos de soja pampeanos, manifestaciones todas estas con pruebas físicas, documentación verificable y el aval de especialistas técnicos. ¡Ya quisiera uno una abuela ufóloga!
Entre otros tesoros de la ufología nacional el museo cuenta con la pieza de un metal desconocido, de extraña dureza y translucidez, resto de un ovni estrellado en los cielos de la ciudad entrerriana, allá por marzo de 1991. Con este post incluyo, además de mis infaltables fotos con la chapa en cuestión, el link de la web del museo, donde pueden ver más material sobre este y otros casos igualmente asombrosos.




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